Estas son las claves de las criptomonedas, el dinero virtual del futuro

¿Alguna vez te has planeado qué es el dinero? Sí, el billete arrugado de diez euros que tienes en el bolsillo es dinero, pero, ¿qué es? Si nos paramos a pensarlo, es una mentira. El dinero son solo papeles y trozos de metal que nos damos unos a otros diciéndonos que tienen valor (eso que los economistas llaman fiduciario). Confiando en que lo tengan. Por eso, tampoco debería parecernos tan raro queexista dinero totalmente virtual: las criptomonedas.

¿Qué es una criptomoneda?

El palabrejo tiene delito, pero es más fácil entenderlo si hablamos de moneda virtual. Para partir de una base, podemos ir a la definición propuesta en 2014 por la Autoridad Bancaria Europea, que viene a decir algo como: “Una criptomoneda es una representación digital de valor que no ha sido emitida por un banco central o una autoridad pública y que no tiene por qué estar asociada a una moneda fiduciaria [es decir, a los euros o dólares que utilizamos a diario], pero quees aceptada por personas físicas o jurídicas como medio de pago y que se puede transferir, almacenar o negociar electrónicamente”.

En otras palabras, las criptomonedas son conjuntos de datos creados para ser usados como medio de intercambio. Estas se basan en una tecnología de cifrado que asegura el flujo de las transacciones y la creación de más monedas. Una tecnología que, según el experto en blockchain , José Juan Mora, supone una “nueva revolución” al traer el dato a las personas.

“Cuando tú mandas un Whatsapp, el mensaje no va a la otra persona: pasa primero por los servidores de la empresa, que almacenan los datos”, explicaba Mora en una TED Talk que ofreció en Sevilla el año pasado. Con la tecnología usada por las criptomonedas, en cambio, los datos quedan en manos de los propios usuarios, ya que la red usada está descentralizada: no hay un único núcleo sino una serie de nodos esparcidos por todo el mundo.

Por ello, para el periodista y activista BitCoin Walter Hash estas criptomonedas presentan una serie de ventajas respecto a los billetes y las monedas. El hecho de depender de una red de nodos las hace anónimas, internacionales, libres de intermediarios y, además, seguras. Al contrario de lo que pueda parecer, las redes que sustentan las monedas digitales son, por su naturaleza y con la tecnología disponible hoy, resistentes y difíciles de manipular.

Cómo orientarnos en el mar de criptomonedas

La primera moneda digital que apareció es también la más conocida: Bitcoin. Creada en 2009 por un tal Satoshi Nakamoto —nombre que probablemente sea un pseudónimo tras el que se encuentre un grupo de personas—, Bitcoin abrió el camino basándose en la tecnología blockchainuna especie de macro-libro de cuentas digital que recoge todas y cada una de las transacciones realizadas desde su inicio y que es accesible por todos los nodos de la red.

Además, el diseño matemático empleado por Bitcoin tiene un rasgo fundamental: no podrá haber monedas infinitas. Las fórmulas que controlan esta criptomoneda están pensadas para que no crezca el número de unidades de forma arbitraria, sino que vaya a un ritmo controlado hasta alcanzar un límite en el futuro de 21 millones. Se trata de una escasez por diseño que la hace, precisamente, valiosa. Como explica en este artículo Alejandro Nieto, “si el dinero fuera tan numeroso como los granos de arena, no tendría ningún valor”. Vamos, lo que suele llamarse inflación.

Desde la aparición de Bitcoin, cientos de criptomonedas alternativas han aparecido (se dice que en la actualidad hay en torno a 700), copiando o variando la fórmula y creando un ecosistema muy competitivo. No obstante, podemos identificar las más importantes:

  • Ethereum: Actualmente es la segunda criptomoneda con mayor capitalización de mercado, y su mayor diferencia respecto a Bitcoin es que, al contrario que aquella, los Ethers no llegarán a un número máximo definido.
  • Litecoin: Lanzada en 2011, fue de las primeras criptomonedas en el mercado y durante un tiempo fue la segunda moneda virtual más grande.
  • Dashcoin: Se trata de una versión más secreta de Bitcoin, ya que trabaja en una red descentralizada de código maestro que hace las transacciones casi imposibles de seguir.
  • Ripple: Esta criptomoneda trabaja con los bancos para transformar la forma en que envían dinero a todo el mundo.
  • Bitcoin Cash: El creciente número de usuarios y el aumento del volumen de transacciones ha causado algunos problemas en la red de Bitcoin, por lo que Bitcoin Cash aparece como una escisión de aquella para solucionar dichos problemas de escala.

Las criptomonedas se pueden comprar y vender en webs como Coinbase, y actualmente hay bastantes negocios y portales de Internet que las aceptan como modo de pago. Como último apunte, entre aquellos que ya han aceptado estas monedas digitales como una realidad, está la cantante Björk. El próximo disco de la islandesa, Utopia, es el primer álbum que puede pre-comprarse mediante Bitcoin, AudioCoin, Litecoin y Dashcoin.

Sin embargo, no todo iban a ser buenas noticias en torno al invento que nos librará del dinero tradicional en el futuro. El excorredor de bolsa y estafador inmortalizado en la película El Lobo de Wall Street, Jordan Belfort, advirtió en una controvertida entrevista con el Financial Times que el auge de las criptomonedas podría suponer ”una gran estafa a punto de explotar en la cara de muchísimas personas”. En este sentido, apuntó que monedas como el Bitcoin o el Ethereum, entre otras, podrían ser mecanismo utilizado por empresas emergentes para recaudar dinero mediante la venta de fichas digitales a cambio de criptomonedas en lugar de acciones de la futura empresa.

Según Belfort, principal riesgo consistiría en que, al igual que ocurrió con los blind pools (fondos ciegos, en castellano) de los años 70 y 80, estas compañías podrían desaparecer sin haber generado una sola inversión y sin dejar beneficios. Una crítica similar fue la que lanzó el periodista de la BBC, Roy Cellan Jones, que las comparó con la burbuja de las ‘punto.com’ de finales de los 90. Sea como sea, con polémica o sin ella, lo cierto es que las criptomonedas no son ya una posibilidad para acabar con el dinero, al menos tal y como lo conocemos, sino una realidad. ¿Habrá llegado ya la revolución a los monederos?

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